La Casa Pujol en Ejea de los Caballeros se levanta en la confluencia del paseo del Muro y las calles Concordia y Joaquín Costa. Su construcción y factura actual se sitúan entre 1900 y 1913, fecha en la que ya aparece en fotografías. Según el informe del arquitecto, Javier Bosch, aparece catalogada en su ficha del PGOU como “Edificio de tres plantas, ático y torreón, probablemente de principios de siglo XX”.
Su construcción fue promovida por la familia Villacampa. Fuentes orales sitúan a esta familia como grandes tenedores de ovino. En las actas municipales de 1903-1904, José Villacampa figura como comerciante y productor de vino y licor. En la misma ubicación existió una construcción anterior de carácter residencial e industrial vinculada a esta familia desde finales del XIX. La presencia de otros edificios de características similares, permite afirmar el carácter netamente industrial que tuvo la zona antes del ensanche de 1919 relacionado con el surgimiento de una incipiente burguesía industrial en Ejea. Posteriormente, la Casa Pujol combinaría su uso residencial con el de oficinas –como Butanos Pujol hasta finales de los 70- y comercios (electrodomésticos, etc.) hasta su actual situación de abandono.
La casa pasó a llamarse Pujol tras el matrimonio entre Pepita Villacampa y José Pujol, hijo de Rosendo Pujol, importante impulsor industrial de la villa a principios de siglo.
En cuanto al urbanismo, la Casa Pujol es anterior al primer gran ensanche de Ejea proyectado en 1919 por el arquitecto Miguel Ángel Navarro que diseñó el paseo de la Gran Vía para enlazar el casco antiguo con la estación del ferrocarril de 1915. La Casa Pujol se situaría así aparte del núcleo atractor de la primera oleada de expansión urbana ligada a la burguesía local emergente.
En décadas posteriores el inmueble afrontó amenazas urbanísticas. En 2000 el PGOU la catalogó como edificio de interés ambiental con orden de conservar fachada y volumen, recuperar huecos deteriorados y eliminar carpinterías metálicas. Entre 2005-2007 la inmobiliaria Lagasca impulsó un expediente de ruina y demolición, rechazado por la Comisión Provincial de Patrimonio de Zaragoza (informe desfavorable de 2006). APUDEPA presentó alegaciones, subrayando su valor como hito urbano y su pertenencia al entorno protegido de la iglesia de San Salvador (BIC) y al perímetro del Conjunto Histórico de Ejea (1981).
Se trata de una construcción unifamiliar a modo de hotel de finales del siglo XIX. Inmueble señorial de esquina que domina un espacio urbano singular, confluencia de vías principales y próximo a la iglesia de San Salvador. Su tipología responde a las casas burguesas de principios del siglo XX con posible origen en una estructura anterior de carácter barroco y posteriormente reestructurada con un aire historicista.
El edificio se organiza en tres plantas principales, ático y torreón central, otorgándole un perfil rotundo y volumétrico destacado. La planta baja se concibió con amplios vanos destinados a usos comerciales; hoy aparecen cerrados con carpinterías metálicas y persianas modernas que desvirtúan los accesos originales. La fachada principal muestra un ritmo simétrico de huecos verticales, balcones volados con barandillas de hierro y molduras enmarcando vanos.
En las plantas superiores los balcones estrechos y altos refuerzan la verticalidad. El alero sobresaliente de madera remata la fachada con canecillos sencillos. El elemento más singular es el lucernario o torreón superior que sobresale de la cubierta y aporta luz cenital al interior, además de convertirse en hito visual en el paisaje urbano. Esta solución, habitual en residencias burguesas de la época, revela la voluntad de representar estatus social y de aportar monumentalidad al inmueble.
Los materiales originales parecen combinar revoco en muros, carpinterías de madera y forja en barandillas. Algunos elementos ornamentales —molduras, cornisas— apuntan hacia un eclecticismo con influencias modernistas suavizadas, perceptibles en la estilización de huecos y en el protagonismo de la luz. La volumetría, sin embargo, remite a un lenguaje historicista propio de la transición entre los siglos XIX y XX.
En la ficha catalográfica del PGOU (2000) se indicaba expresamente la necesidad de conservar la fachada y su volumen, recuperar los huecos deteriorados y sustituir las carpinterías metálicas impropias. La propia tipología —casa unifamiliar burguesa con locales en planta baja— la hace comparable a otros ejemplos urbanos de la época como la Casa de la Música o edificios vecinos de la calle Joaquín Costa, algunos afortunadamente rehabilitados.
Su situación en esquina, la escala y el torreón la convierten en referencia visual y ambiental en el cierre del paseo del Muro y en la articulación con la plaza de la Magdalena. El entorno refuerza su carácter monumental, especialmente por la proximidad con la iglesia románica de San Salvador con la que dialoga visualmente.
Pese a la protección legal y a la presión social, la falta de mantenimiento ha conducido a su grave y progresivo deterioro. La Casa Pujol sigue en pie como testigo de la historia reciente de Ejea, símbolo de identidad local amenazado por la inacción institucional.
Se encuentra dentro del entorno de protección del Conjunto Histórico de Ejea (Decreto 176/2012 de 17 de julio, BOA 26/07/2012)
Se encuentra en un estado muy deficiente. El lamentable estado de la cubierta anticipa posibles colapsos estructurales. El deterioro es visible: revocos desprendidos, grietas, suciedad acumulada y cableado desfigurando la fachada. El lucernario superior y el alero muestran vegetación y daños por filtraciones con riesgo de pérdida de elementos originales. Cada verano se instala en el lucernario una pareja de cigüeñas que hacen su nido, haciendo que el tejado tenga que soportar todo su peso. No se retira el nido abandonado de un año para otro ni se ponen medidas para que las cigüeñas no vuelvan a ponerse en el mismo sitio. La planta baja presenta alteraciones graves: cierres y carpinterías metálicas que ocultan los vanos. El interior, deshabitado desde hace décadas, sufre degradación progresiva. APUDEPA ya advirtió en 2007 de su deterioro. Hoy, casi 20 años después, la situación es de abandono avanzado con riesgo de ruina si no se interviene de manera urgente.
La Casa Pujol es un testimonio excepcional de la arquitectura burguesa de principios del siglo XX en Ejea de los Caballeros. Se trata de una de las pocas construcciones con torreón y lucernario de la villa, que combina eclecticismo y modernismo en un enclave urbano estratégico, la Y griega donde se encuentran las tres carreteras principales que se unen en Ejea. Su interés patrimonial es múltiple: histórico (burguesía local e industrialización), arquitectónico (volumetría singular, torreón, simetría compositiva), urbano (cierre monumental del paseo del Muro, conexión con la plaza de la Magdalena) y ambiental (entorno del BIC iglesia de San Salvador y Conjunto Histórico de Ejea). Su presencia se vincula a memorias sociales escasamente privilegiadas frente al omnipresente imaginario agrarista articulado en torno a la construcción del Canal de las Bardenas. Memorias invisibilizadas que, sin embargo, ya sitúan a la villa como enclave industrial a comienzos de siglo XX.
Enlace
Cinco Villas Editor. (2014). Casa Villacampa y Pujol en Ejea. Cinco Villas.com.
Cinco Villas Editor. (2007). Primera iluminación en las Fiestas de Ejea en 1902 gracias a Rosendo Pujol. Cinco Villas.com.
Bibliografía
Apudepa (2007). Escritos, alegaciones y nota de prensa sobre Casa Pujol.
Espada Torres, D. M. (2023). Ejea: Proyectos y realidades. Una mirada a la evolución del urbanismo de Ejea de los Caballeros con motivo del I Centenario de la inauguración de su Ensanche. Asunción Gil Orrios (Coord.) Institución Fernando El Católico; Centro de Estudios de las Cinco Villas. Zaragoza, 2019, Arte y ciudad, Vol. 23, págs. 169-171.
Gil Orrios, A. & Remón Aisa, J. A. (2011). La tradición arquitectónica civil de Ejea de los Caballeros, Diputación Provincial de Zaragoza.
PGOU de Ejea de los Caballeros (2000). Catálogo de edificios de interés ambiental.